Cuando Dios Hace Lo Imposible Posible: Abraham y Zacarias
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✦ Fe en la Espera ✦
Cuando Dios Hace lo Imposible Posible:
Abraham y Zacarías
Dos hombres. Siglos de distancia. Un Dios inquebrantable que nunca olvida Sus promesas.
"La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve."
— Hebreos 11:1 (RVR1960)
A lo largo de las Escrituras, Dios tiene un patrón hermoso: elige las temporadas de espera para mostrar Su mayor gloria. Dos de los ejemplos más poderosos de fe frente a lo imposible son Abraham y Sara, quienes esperaron décadas por un hijo, y Zacarías e Isabel, quienes cargaron ese mismo anhelo hasta su vejez. Aunque vivieron con siglos de diferencia, sus historias se hacen eco la una de la otra de forma sorprendente — y ambas dan testimonio de un Dios que siempre es fiel, siempre llega a tiempo, y nunca se sorprende ante lo imposible.
La historia de Abraham es la piedra angular de la fe en la espera. Dios lo llamó fuera de Ur y le hizo una promesa extraordinaria — que se convertiría en el padre de una gran nación. Solo había un problema: Abraham y Sara no tenían hijos, y a medida que los años se extendieron en décadas, la promesa parecía alejarse más, no acercarse.
Abraham tenía 100 años y Sara tenía 90 cuando finalmente nació Isaac — nada menos que 25 años después de la primera promesa de Dios en Génesis 12. Sin embargo, la Biblia no registra que Abraham haya abandonado su confianza en Dios. Cuando Dios se le apareció y reafirmó el pacto, Abraham creyó — y Dios se lo contó por justicia Génesis 15:6.
La frase "creyó en esperanza contra esperanza" es una de las más poderosas de toda la Escritura. Abraham tenía todas las razones humanas para rendirse — su cuerpo estaba "ya como muerto" Heb. 11:12 — pero se aferró a la promesa. Él es el modelo supremo de una fe que persevera en medio del silencio.
Siglos después, otro hombre de Dios caminó por un sendero sorprendentemente similar. Zacarías era sacerdote del grupo de Abías, un hombre descrito como justo e irreprensible delante de Dios. Su esposa, Isabel, también era devota — sin embargo, ambos habían llegado a su vejez cargando la tristeza de no tener hijos.
Un día ordinario, mientras Zacarías servía en el templo — el mismísimo lugar de oración y devoción — el ángel Gabriel se le apareció y anunció que Isabel concebiría y daría a luz un hijo llamado Juan. Las palabras del ángel fueron asombrosas: "tu oración ha sido oída" Lucas 1:13. Esas oraciones no habían sido olvidadas. Ni una sola.
Zacarías tuvo un momento de duda y cuestionó al ángel Lucas 1:18 — un momento muy humano — y quedó mudo hasta el nacimiento de Juan. Sin embargo, cuando su lengua fue desatada, lo primero que hizo Zacarías fue alabar a Dios. Su cántico del Benedictus Lucas 1:68–79 revela un corazón que había estado lleno de las Escrituras y de confianza todo ese tiempo. El silencio no mató su fe — la profundizó.
Los ecos entre estas dos historias no son casualidad — son la huella dactilar de un Dios que es constante, fiel y lleno de propósito a lo largo de toda la historia.
- 1El tiempo de Dios nunca llega tarde. Tanto Abraham como Zacarías esperaron en lo que parecían temporadas imposibles. Pero Dios cumplió Su palabra exactamente en el momento correcto. Cuando estás en una temporada de espera, sabe que el reloj de Dios siempre está en hora. Ecl. 3:11 Hab. 2:3
- 2Dios escucha las oraciones que parecen olvidadas. El ángel le dijo a Zacarías: "tu oración ha sido oída." Esas oraciones que él había elevado por años nunca se perdieron. Dios guarda cada oración. Luc. 1:13 Apoc. 5:8
- 3La duda no te descalifica. Tanto la risa de Sara como la pregunta de Zacarías muestran que la fe no es la ausencia de dudas — es elegir confiar en Dios a través de ellas. Gén. 18:12 Luc. 1:18 Mar. 9:24
- 4Vivir justamente en la espera honra a Dios. Ninguna pareja abandonó la piedad durante su larga espera. Su fidelidad en lo ordinario los sostuvo a través de lo extraordinario. Luc. 1:6 Gén. 26:5
- 5La espera te prepara para la promesa. El nacimiento de Isaac hizo de Abraham un testimonio para todas las naciones. El nacimiento de Juan lo posicionó como el precursor de Cristo. La temporada de espera te forma para poder cargar la bendición. Heb. 11:11–12 Luc. 1:76–77
- 6Tu milagro hará que otros se regocijen. Cuando Isaac nació, todos los que lo escucharon se rieron de alegría con Sara Gén. 21:6. Cuando nació Juan, los vecinos y parientes compartieron el gozo de Isabel Luc. 1:58. Tu victoria es una bendición para la comunidad que te rodea.
Abraham esperó 25 años. Zacarías e Isabel esperaron toda una vida. Pero en ambas historias, Dios se presentó — no con una disculpa por llegar tarde, sino con un hijo que cambiaría el mundo. Isaac se convirtió en el padre de naciones. Juan se convirtió en la voz en el desierto que preparó el camino para Jesucristo.
— Isaías 40:31 (RVR1960)
Cualquiera que sea la promesa que hoy sostienes en tus manos — cualquiera que sea la oración que parece demasiado tiempo sin respuesta, el sueño que parece demasiado lejano — recuerda a estos dos hombres. Recuerda a sus esposas. Recuerda que el Dios que abrió el vientre de Sara a los 90 años y el de Isabel en su vejez es el mismo Dios que lleva tu nombre en Su corazón.
No te rindas. No dejes de orar. No dejes de vivir con fidelidad. Tu tiempo señalado está por llegar.
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